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Frenazo de Cataluña: pidió diálogo tras una ambigua declaración

11 de octubre de 2017 05:07 AM
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Frenazo de Cataluña: pidió diálogo tras una ambigua declaración

En un esperado discurso, Puigdemont dijo tener mandato para proclamar la independencia, pero pidió suspenderla para abrir una vía de negociación; el gobierno de Rajoy descartó esa posibilidad y analiza cómo responder

BARCELONA.- Entre ser o no ser, Carles Puigdemont quiso elegir los dos. El presidente de Cataluña anunció ayer que declaraba la independencia, pero propuso de inmediato suspender los efectos de esa decisión en busca de una improbable vía de diálogo con el gobierno de España.

Al final de un día frenético, con un país entero que contenía la respiración, la jugada de los separatistas catalanes buscó evitar in extremis el estallido inmediato de un enfrentamiento institucional con graves consecuencias políticas, económicas y sociales. El miedo dio paso a la confusión.

El gobierno de Mariano Rajoy calificó de "inadmisible" lo que pasó en Barcelona, descartó prestarse a una negociación y prepara medidas extraordinarias para exigir que la Generalitat "vuelva a la Constitución". Las anunciará hoy en el Congreso de los Diputados: no se descarta que proponga la suspensión de la autonomía catalana, después de una advertencia formal a sus autoridades.

Puigdemont mantuvo el misterio hasta el momento en que subió a la tribuna del Parlamento para dar un discurso en el que, según prometió, proclamaría la república catalana, en función de los resultados del referéndum sin sustento legal celebrado el domingo 1º.

El clima era dramático. La sangría de empresas catalanas que mudan sus sedes sociales no cesa. Y durante la mañana había surgido un ruego a Puigdemont que sonó a ultimátum por parte del presidente del Consejo de Europa, Donald Tusk: "Le pido que respete el orden constitucional y que no anuncie una decisión que haga el diálogo imposible". El mensaje sonó fuerte en Barcelona.

La sesión empezó con una hora de retraso, entre airadas discusiones a puertas cerradas entre los diputados del frente secesionista. La decepción en los rostros anticipaba que algo había cambiado.

Eran las 19.37 cuando Puigdemont tomó aire y pronunció unas palabras con carga histórica: "Asumo al presentarles los resultados del referéndum, ante todos ustedes y nuestros conciudadanos, el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república".

Al aplauso -que no compartieron sus aliados anarquistas de la CUP- le siguió la matización: "Con la misma solemnidad, proponemos que el Parlamento suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos un diálogo sin el cual no es posible llegar a una solución acordada".

Parecía una forma enmascarada de renunciar a las leyes de ruptura que la mayoría secesionista votó hace un mes en desafío a las sentencias judiciales que las consideraban nulas. No lo dijo con todas las letras. Como tampoco explicó si Cataluña, en su consideración, sigue siendo una comunidad autónoma española. Eligió la ambigüedad de una suerte de "independencia a plazos".

La traducción estaba en la decepción que en ese momento expresaban -silbidos, lágrimas, gritos de bronca- los miles de personas que se habían congregado en las calles aledañas al Parlamento para ver en pantallas gigantes lo que suponían que iba a ser la creación del Estado catalán.

Ellos habían entendido que Puigdemont estaba poniendo el freno justo antes del punto de no retorno. El presidente dijo que sentía "la responsabilidad de desescalar la situación". Presentó una larga exposición de los agravios al autogobierno catalán que impulsaron el proyecto separatista, incluida la represión policial contra los votantes del referéndum, pero reconoció también a quienes se manifestaron el último fin de semana en Barcelona para defender la unidad nacional.

"No tenemos nada contra España ni contra los españoles, al contrario, nos queremos reencontrar mejor. Al día de hoy la relación no funciona", dijo, en el único tramo leído en castellano de su discurso de media hora. Puigdemont terminó el mensaje de su vida, delante de 1100 periodistas (350 extranjeros), y fue a sentarse a su banca con el rostro serio. Tres veces apenas lo aplaudió su bloque.

La vocera de la CUP, Anna Gabriel, dijo en su turno de palabra: "Hemos venido a hacer una república. Nos vamos con la sensación de que hemos perdido una oportunidad".

La crisis interna quedó expuesta. Intentaron disimularla después en el último acto de una jornada surrealista. Al final de la sesión, los diputados de la coalición gobernante Junts pel Sí y de la CUP se reunieron en una sala contigua para firmar uno por uno lo que llamaron "declaración formal de la independencia".

"Ponemos en conocimiento de la comunidad internacional y las autoridades de la Unión Europea la Constitución de la república catalana y la propuesta de negociaciones con el Estado español", dice el texto de pretensiones históricas, pero sin valor legal. "Es un documento político, que está suspendido por decisión del presidente", explicaban los diputados, necesitados de mostrar cohesión y al mismo tiempo no exponerse a sanciones penales.

Cuando todos terminaron de firmar se pusieron a cantar Els segadors, el himno oficial de Cataluña. Sin sonrisas ni puños en alto. Al salir no podían explicar qué es hoy Cataluña.

La CUP se encargó de repetir su malestar. "No era esto lo que habíamos trabajado con el gobierno ni lo que deseábamos", anunció el diputado Quim Arrufat. Dijo que suspendían su labor legislativa mientras el Parlamento sea autonómico y no el de una república. Esa postura empujará tarde o temprano a nuevas elecciones, ya que el gobierno de Puigdemont quedaría en minoría.

Apenas terminó la puesta en escena en Barcelona, la vicepresidenta del gobierno de España, Soraya Sáenz de Santamaría, se presentó ante la prensa en Madrid. Rajoy se había preparado para hablar al país, pero lo creyó innecesario después de ver la sesión parlamentaria.

"Después de haber llegado tan lejos y embarcado a Cataluña en el mayor nivel de tensión de su historia, el señor Puigdemont la ha sumido hoy en el mayor nivel de incertidumbre -dijo la vicepresidenta-. Su discurso es el de una persona que no sabe ni dónde está ni adónde va."

Descartó que el gobierno vaya a dialogar con los separatistas. "No pueden imponer una mediación sin volver a la Constitución", sentenció. Y confirmó que el desafío no quedará sin respuesta del Estado. Rajoy ya empezó a perfilar las medidas que tomará con el líder socialista, Pedro Sánchez.

Fuente: lanacion.com.ar

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